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El Molino de la Ropería (Archivo-Crop)
Fuente: Diario de León

Historia de Serrilla de Torío

El Molino de la Ropería se encuentra en Serrilla de Torío, una localidad leonesa que pertenece al término municipal de Matallana de Torío, a escasos 32km al norte de la ciudad de León. Situado a unos 1060 metros de altura se encuentra en Sierra Corbera y en la margen derecha del río Torío.

De este río se dice que tiene orígenes mitológicos, ya que los astures veían en él a la figura del dios Thor, que además veneraban a la constelación de Orión, convirtiéndola en un dios, y la fusión de ambos cultos resultó en el nombre Thor-Orión como orgien del nombre del río.

Tanto el origen de Serrilla de Torío, como el de Matallana de Torío, está vinculado a un monasterio en los alrededores de la Iglesia de San Félix, que hoy pertenece a la localidad lindante de Villalfeide. Fue la iglesia parroquial de las tres localidades hasta bien entrado el siglo XX. Sin embargo, hasta el siglo XIX Matallana de Torío no constituyó su propio ayuntamiento, por lo que ambas localidades pertenecían al vecino ayuntamiento de Vegacervera.

La mayor parte de Serrilla se encuentra sobre la ladera del monte La Cuesta, que nos da una pista de cómo es la geografía de la localidad, con caseríos construidos entre pendientes y empinadas cuestas, salvo el barrio conocido como la Venta de la Ropería, donde precisamente se encuentra nuestro Molino, en la ribera del río.

El desarrollo de Serrilla se dio gracias a al Real Cordel de Merinas, más cuando el monopolio de los rebaños pasó a manos de los nobles del Concejo de la Mesta, afincándose aquí el Duque del Infantado.

Historia del Molino

Los frailes que habitaban Serrilla en la Edad Media establecieron a la orilla del río, donde hoy se encuentra El Molino, una ropería para asistir a los grandes rebaños y pastores trashumantes que venían del sur con ropa, pan, sal y otras necesidades.

Ya en el siglo XIX toda la zona vivió una época de esplendor y auge debido en gran parte a la explotación minera. Más si cabe con la construcción de la Central Térmica en la vecina localidad de La Robla.

Así, en el año 1880 se construye un molino harinero, que más tarde sería fábrica de luz para abastecer a la localidad de electricidad. Se trata del edificio sobre el que se construirá definitivamente El Molino de la Ropería. Las grandes ruedas que servían mara moler el grano decoran actualmente la entrada del Molino, tanto en la puerta principal como en el centro del hall que recibe a nuestros huéspedes. En el jardín podemos ver las palas que movía el agua tanto para generar electricidad como para mover la maquinaria que servía para moler el grano.

En la reconstrucción de El Molino de la Ropería como Casa Rural decidimos reutilizar la máxima cantidad posible de elementos originales del antiguo molino, como por ejemplo algunas de las vigas de madera que atravesaban el antiguo edificio, hoy sirven como elementos decorativos en puertas y ventanas de las diferentes habitaciones. Además, también conservamos gran parte de las estancias construidas en piedra y ladrillo del edificio original.

El Molino de la Ropería
Salón Abuhardillado

El Molino, hoy

Tras un periodo de restauración y remodelación, el último en el año 2020, El Molino de la Ropería ofrece a nuestros huéspedes 7 habitaciones, distribuidas en las dos plantas superiores del edificio, y cada una de ellas decorada de forma única con temáticas diferentes inspiradas en nuestras propias sensaciones y emociones.

El Molino dispone de cinco habitaciones dobles, una Junior Suite con terraza privada y baño con hidromasaje con capacidad para dos personas, y una Suite Familiar abuhardillada con capacidad para 4 personas y distribuida a dos alturas. Además, disponemos de un salón con chimenea, que también está abuhardillado, y que es perfecto para relajarse, un rato de lectura, o simplemente abrigarse al calor de la chimenea.

Para aquellos que quieran estar más en contacto con la naturaleza, el Molino también dispone de dos terrazas exteriores, una de ellas justo en la ribera del río, ideal para meditar, hacer yoga, tomar fuerzas bajo el sol, o desconectar a través del sonido del río a su paso por el Molino. Y, por supuesto, durante los momentos más calurosos del día, podemos disfrutar de la sombra de nuestro guindo o bajo la sombra de los árboles en la terraza ajardinada, decorada con diversas esculturas artesanales.

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